La gente con suerte no nace así. La ciencia dice que hace estas cosas distinto
Un psicólogo pasó diez años estudiando a personas que se consideran con suerte. La diferencia no era el destino. Eran unos pocos hábitos que cualquiera puede copiar.

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- Los que se creían sin suerte no vieron un mensaje en letras gigantes
- En una simulación de 1.000 personas, el más rico nunca fue el más talentoso
- Tu próximo trabajo probablemente vendrá de alguien que apenas conoces
Un psicólogo le dio un periódico a un grupo de personas y les pidió contar las fotografías que había adentro. Algunas decían tener suerte. Otras juraban que tenían mala suerte.
Al grupo sin suerte le tomó unos dos minutos terminar. Al grupo con suerte, unos segundos.
La razón estaba impresa en la página dos. Media página era un mensaje con letras enormes. Decía "Deja de contar. Este periódico tiene 43 fotografías." Los que se creían sin suerte estaban tan ocupados contando que nunca lo vieron.
¿De verdad puedes crear tu propia suerte?
El experimento es de Richard Wiseman, psicólogo de la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra. En 1993 publicó un anuncio en el periódico buscando a personas que se sintieran con muchísima suerte o con muy mala suerte, y estudió a los voluntarios durante unos diez años.
Su conclusión fue directa. La gente con suerte no está bendecida. Se comporta de formas que le ponen más oportunidades enfrente, y anda lo bastante relajada para notarlas cuando aparecen.
Esta semana circula en internet un "manual de la suerte" de una sola página sobre cómo aumentar de forma sistemática tu exposición a las oportunidades. Su autor lo publicó por primera vez en enero, en seis imágenes, y lo presentó como la versión corta de una guía más larga para fabricar suerte. Los científicos llevan décadas poniendo a prueba esa misma idea, y la evidencia está de su lado.
¿Qué hace distinto la gente con suerte?
Wiseman veía los mismos cuatro hábitos una y otra vez.
- Crean y detectan oportunidades. Hablan con gente nueva, prueban cosas nuevas y están lo bastante relajados para ver lo que otros no ven.
- Le hacen caso a sus corazonadas en vez de pensarlo todo de más.
- Esperan que las cosas salgan bien, y eso los mantiene en marcha cuando otros se rinden.
- Convierten la mala suerte en buena preguntándose a dónde puede llevarlos un tropiezo.
Después intentó enseñarlo. Montó lo que llamó una "escuela de la suerte" para personas que se sentían sin suerte. Después de un mes, el 80% dijo sentirse con más suerte. Es gente calificándose a sí misma, no un ensayo controlado, pero es un cambio grande para cuatro semanas de hábitos nuevos.

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¿La suerte es una habilidad que se puede entrenar?
Christian Busch cree que sí. Es investigador de gestión en la Marshall School de la Universidad del Sur de California, y en su libro de 2020 The Serendipity Mindset le llama a la serendipia suerte activa.
La suerte activa tiene tres partes. Haces algo (acción). Pasa algo inesperado (sorpresa). Lo conviertes en algo que vale la pena (valor).
La suerte ciega simplemente te cae encima. La suerte activa necesita que aparezcas y luego actúes con lo que encuentras. Busch sostiene que las habilidades detrás de ella se pueden entrenar, como cualquier otra.
¿Qué es la superficie de suerte?
En 2010, Jason Roberts, del podcast TechZing, resumió toda la idea en una fórmula que todavía se comparte hoy. La llamó superficie de suerte.
Suerte = Hacer × Contar.
Hacer significa trabajar en algo que de verdad te importa. Contar significa que la gente se entere. Multiplica las dos y obtienes el tamaño del blanco que le das al azar para que le atine.
Si cualquiera de los dos lados es cero, todo se viene abajo. Alguien que construye cosas brillantes en secreto casi no tiene superficie. Tampoco la tiene alguien que habla mucho y no hace nada. Según se cuenta, la guía larga detrás del manual de esta semana se basa en la misma fórmula.
¿Quién te da tu gran oportunidad?
Probablemente no tu mejor amigo.
En su estudio de 1973 "La fuerza de los lazos débiles", el sociólogo Mark Granovetter analizó cómo 282 hombres de la zona de Boston habían conseguido su trabajo. Entre los que lo consiguieron por un contacto personal, solo el 16,7% veía seguido a esa persona. El 55,6% la veía solo de vez en cuando, y el 27,8% casi nunca, una vez al año o menos.
Tus amigos cercanos se mueven en los mismos círculos que tú. Conocen a la misma gente y escuchan las mismas noticias. Los conocidos viven en otros mundos, así que te traen cosas que nunca encontrarías por tu cuenta.
El estudio llegó a acumular más de 78.000 citas, lo que lo convierte en una de las ideas más citadas de la sociología.
¿Esto sigue funcionando en LinkedIn?
En 2022, unos investigadores pusieron a prueba la idea de Granovetter a una escala enorme. Un equipo que incluía a Erik Brynjolfsson y Sinan Aral publicó un estudio en Science que siguió a 20 millones de usuarios de LinkedIn durante cinco años, un periodo que produjo 600.000 empleos nuevos.
Las mejores pistas vinieron de lazos moderadamente débiles, gente que conoces un poco. Los contactos muy cercanos ayudaron menos. Los casi desconocidos, también. El efecto fue más fuerte en las industrias que dependen mucho del trabajo digital.
A tus veintitantos, esos lazos moderadamente débiles son el excompañero de clase al que no le escribes desde la escuela, la persona de tu última pasantía, el amigo de un amigo con el que te llevaste bien en una fiesta.
¿Dónde te sientas cambia tu suerte?
En los años setenta, el profesor del MIT Thomas Allen midió qué tan seguido hablaban de trabajo unos ingenieros según la distancia entre sus escritorios. La probabilidad de una conversación técnica semanal caía en picada con la distancia, con un punto crítico en unos 50 metros. Se le conoció como la curva de Allen.
Ningún estudio demuestra que una cafetería te va a conseguir trabajo, pero el patrón detrás es simple. Terminas hablando con la gente que tienes cerca. Trabajar solo en tu cuarto deja ese número en cero.

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¿El éxito es más suerte que talento?
En 2018, los investigadores italianos Alessandro Pluchino, Alessio Biondo y Andrea Rapisarda crearon un modelo por computadora de 1.000 personas a lo largo de 40 años de vida laboral. Cada una tenía un nivel de talento. Después, golpes de buena y mala suerte al azar les fueron cayendo año tras año.
Al final, el 20% más rico tenía el 80% de la riqueza, muy parecido al mundo real. La persona que más ganó nunca fue la más talentosa. Fue la que pescó más golpes de suerte.
El equipo también probó formas de repartir fondos para investigación. Darle a todos una parte igual funcionó mejor que premiar los méritos pasados, y también mejor que elegir al azar.
No puedes controlar qué golpes de suerte te tocan. Sí puedes controlar cuántas oportunidades les das para encontrarte.
¿Cómo tener más suerte a los veintitantos?
La investigación se convierte en una lista corta que puedes empezar esta misma semana.
- Haz una cosa al mes y muéstrala. Un video corto, una playlist, un proyecto paralelo, un texto sobre algo que aprendiste. Ahí van el hacer y el contar en un solo movimiento.
- Di en voz alta lo que quieres. Cuéntales a cinco personas qué trabajo, ciudad o proyecto estás buscando. El conocido indicado no puede ayudarte si no se entera.
- Escríbele a un lazo débil cada semana. Un excompañero de clase, un excolega, el amigo de un amigo que te cayó bien. Basta con dos líneas diciendo que viste algo y te acordaste de esa persona.
- Trabaja cerca de otra gente. Elige la biblioteca, la cafetería o la oficina compartida en vez de tu cuarto, y siéntate a distancia de conversación.
- Dile que sí a la invitación un poco incómoda. La charla, el meetup, el cumpleaños donde conoces a una sola persona. De ahí sale la sorpresa de Busch.
- Cuando algo salga mal, pregúntate a dónde te puede llevar. La gente con suerte de Wiseman lo hacía por costumbre.
Y de vez en cuando, deja de contar y levanta la vista. El mensaje que necesitas podría estar impreso ya en la página dos.
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